martes, 26 de agosto de 2008

"¡Chamo! ¡Chamo!..."

Esta vaina me da demasiada, demasiada, demasiada, DEMASIADA risa. Y confirma una y mil veces mi teoría de que el tamaño del rústico es total, absoluta e inversamente proporcional al cerebro de quien lo maneja. Algo tienen los rústicos que ponen más pendejos a quien los posee y los maneja.
Al animal que manejaba esta Autana le hace falta un curso intensivo de física, pa que le expliquen un poco aquello de la masa de los cuerpos, la fuerza centrífuga y la aceleración. O mejor: hace falta rociarlo de gasolina y echarle un fósforo encima; o pegarlee una cachetada con una pala, o tal vez pegarle la encía del filo de un peldaño de una escalera mecáninca... sólo quizá así crezca un poquito y deje de hacer este tipo de mamagüevadas, muy típicas de Venezuela. Esto pasó en Cuyagua.
Insisto, me da demasiada risa. Siempre desee (y aún deseo) ver escenas como ésta.
Pero no sé qué es peor, si la mamagüevada en sí o los infelices comentarios (o más bien alaridos) de la tarada, al final del video... juzguen ustedes.
Por cierto: ¿Les dije que me causa demasiada risa?