El pana que editó este video, parodiando a los chicos malos de Berlin, Rammstein, se la comió. Probablemente no le guste a ninguno de los lectores de este blog el video o de pronto no le ven mayor sentido. Pero en vista que esta vaina en mía pongo lo que se me canta mi puta gana. A mí sí me da mucha risa, porque el audio no tiene nada que ver con lo que hicieron los alemanes en el concierto de Nimes, Francia, pero el pana que lo editó consiguió el lipsinc perfecto además de que coinciden los sonidos del audio que se oye (la canción se llama Bayern des samma mia) con los movimientos de los músicos. Sencillamente "WUNDEBAR"
domingo, 28 de octubre de 2007
lunes, 22 de octubre de 2007
¡Dios mío! ¿Dónde están las tetas naturales?
En fin, lo cierto es que la cubierta del catamarán estaba llena de tetas duras, redondas, venosas, pero falsas. Prensadas de silicón. Que unas tetas grandes son llamativas, provocativas, sí, de cajón que lo son. Pero ya cuando te das cuenta -al menos en mi caso muy personal y estoy seguro que en el de muchos hombres con cerebro también- que son así porque tiene una semerenda bola llena de silicón por debajo, pierden el encanto. Peor aún es abrazar, tocar o hacer cualquier vaina a una teta hecha de silicón, una teta de mentira pues. Aquella vaina es dura y parece que se te fuera explotar en la mano, en la boca o en cualquier parte de tu cuerpo con la que oses palparla. No es natural, no es agradable y sencillamente no es nada placentero ver ni tocar una vaina de esas.
Sobre las tetas de mentira, tengo una teoría y es esta, que cuando las mujeres deciden meterse esas gomas debajo de la piel, en el quirófano efectivamente se las meten para aumentarle el tamaño del busto y simultáneamente le extraen algo de cerebro, a algunas más que a otras mujeres y en ciertos casos hasta se lo extraen en su totalidad. Es difícil mantener una conversación medianamente coherente con una mujer ensiliconada por más de 2.45 segundos. Si es promotora -cuyo requisito indispensable para serlo es ser definitiva e indiscutiblemente descerebrada- el tiempo se reduce a 0.12 segundos. Es verídico.
Volviendo al tema del catamarán y al vendaval de tetas falsas, cuando pasé por aquel episodio vi al cielo y le hice a Dios la pregunta con la que titulé este post. Ahorita en una ciudad tan llena de esnobistas como Caracas es cada día más difícil ver una mujer con sus tetas naturales. Particularmente prefiero a una mujer con sus tetas tal cual se le desarrollaron, no importa si son pequeñas. En caso contrario, preferiría ponerme creativo con una barbie, que es la misma paja que tocar unas tetas de silicón. Para mis adentros, aplaudo a cada mujer que veo con sus pechos intactos... me gustaría parármele a cada una y felicitarla, pero sería algo sumamente ridículo aparte de engorroso.
Insisto que sí es de pinga ver a una mujer con sus tetas sobresalientes, pero nunca si son de plástico. Las prefiero pequeñas y naturales, que duras y llenas de petróleo por dentro. Si tú que estás leyendo esto, tienes tus tetas naturales !te felicito! Si las tienes operadas y te sentiste ofendida con el comentario de lo que les hacen en el quirófano, escúpeme si te provoca, pero eso no va a cambiar mi parecer sobre las tetas de mentira. En todo caso disculpa, pero si Dios no te dio tetas grandes, aprende a lucirlas sin importar sus dimensiones, por algo Dios te hizo así, por algo eres mujer -al mejor creación sobre el planeta-. El plástico está demás.
Raikkonen el imposible
"It's over, it's over. Hamilton is in seventh". Con esas palabras el ingeniero que comunica a Kimi Raikkonen con el paddock de Ferrari le confirmaba por radio al piloto finlandés que era el nuevo monarca de la Fórmula 1, tras la culminación del GP de Brasil que bajaba el telón a una de las temporadas más estresantes de la categoría reina del automovilismo.
Algunas cuantas veces lo dije, a riesgo de ser escupido hasta por mí mismo, que el "Ice Man" era mejor piloto que el mismísimo Michael "Kaiser" Schumacher. Ahora que por primera vez se hace con el título que le fue esquivo en las temporadas 2003 y 2005, no sé si confirmar mi teoría; pero no cabe duda que el finlandés, nacido en Espoo, es el piloto que la Fórmula 1 debe tener: es perversamente frío, concentrado, rápido y no anda con malcriadeces ni con mariconería alguna. Respeta a sus contendores dentro y fuera de la pista, no deja que su ego lo domine y solamente se sube al monoplaza por una sola motivación: ganar carreras, no ser una puta de los medios de comunicación como inevitablemente terminan siendo presas el casi 100% de los pilotos de la parrilla, año tras año.
Digo que no sé si conformar mi teoría de que es mejor que Schumacher (casi inalcanzable con 7 campeonatos), porque Raikkonen, quizá por falta de un carro netamente fiable, comenzó a deslucir en la campaña 2006, su última bajo la braga de McLaren y a principios de la 2007 cuando llegó a la casa que por naturaleza le correspondía defender, la de Maranello: Ferrari.
Tuvo un comienzo mejor imposible con la victoria alcanzada en Australia, algo atípico para un piloto que cambia de escudería. Luego comenzaron a lloverle los incovenientes de fiabilidad, comenzó a ser superado por los dos McLaren y hasta por su mismísimo compañero, el brasilero Felipe Massa. Tan pobre desempeño hizo que la implacable y chismosa prensa europea lo catalogara como la peor inversión de Ferrari -hoy por hoy es el piloto mejor pagado de la F1, incluso gana más que Alonso que tiene dos campeonatos en el bolsillo-. Se llegó hasta hablar de su salida de la "scuderia". Pero ahí fue cuando más privó lo frío y determinado que es: junto al renacer de Ferrari, Raikkonen comenzó a callarNOS a todos la boca.
Combinado con la pelea de egos en McLaren, específicamente por las pretensiones de Alonso, el finlandés comenzó a sumar tantos puntos como le fueran necesarios para meterse en la lucha por el título. Y aún más a su favor, el carro del cavallino rampante mejoró sustancialmente en fiabilidad y un tanto más en velocidad: la mesa estaba servida para que el vikingo se sacara la espina que se le incrustó en 2003, cuando ganando pocas carreras amenazó el hasta entonces imbatible reinado de Michael Schumacher y de nuevo en 2005, cuando con el carro más veloz de ese campeonato -el bólido de McLaren- casi evita que Alonso se convirtiera en el piloto más joven de la historia en alzarse con el título.
Todo parecía indicar que Raikkonen sería el "campeón que nunca fue", incluso con su pase a Ferrari que tras imponer una dictadura en la categoría ganando los campeonatos de pilotos y constructores, gracias a la cuasi perfección del Kaiser Schumacher, comenzó a dar visos de devacle y oscurantismo, con una sequía de dos años sin ganar nada que no fuera uno que otro GP.
Este año cuando las hazañas de Hamilton, el niño de oro de McLaren, hicieron borrar el recuerdo de Schumacher, todo parecía que Kimi seguiría condenado a ser un gran rey sin corona. Pero, como se dice en términos futbolísticos o beisbolísticos: el juego no se acaba hasta que termina. Cuando pese a tener opciones remotas al título, nadie lo daba como campeón, el finalndés conjugó todas las condiciones a su favor, especialmente las de buen piloto, para quitarle de la boca un eventual tricampeonato a Fernando Alonso y un cuasi seguro título a Lewis Hamilton.
Fue el protagonista de una de las carreras más infartantes de la historia, sin duda la mejor de la temporada 2007.
Personalmente habría preferido que ganase Alonso, pues es a quien me queda por apoyar -pese a sus pataletas y lloriqueos-. En un principio y hasta mitad de temporada, aplaudí las opciones de Hamilton para inscribirse en la historia como el novato más perfecto de la F1, el primero en titularse en su campaña de estreno; hasta que al negrito se le subieron los humos. Pero, la historia es implacable y a veces tiene su lado justo: la gloria le tocó al mejor, a Raikkonen el imposible.
miércoles, 17 de octubre de 2007
Antiinfancia, por culpa de los adultos
No sé si es que soy la reencaranación de Herodes, pero lo cierto es que pese a que uno de mis sueños más sublimes es llegar a ser padre, tengo poca por no decir casi nula, tolerancia con los niños... especialmente los más llorones, los que no se calman ni con una granada fragmentaria, sí, esos que te llegan a tocar los guevos de tal manera, que te hacen querer meterlos enteros en un barril lleno de mierda a ver si así se callan la puñetera jeta. En fin.
Recuerdo que incluso de pequeño, cuando yo era un maruto verde, un mocoso, un descerebrado -más que ahora, porque aún lo sigo siendo-, yo le tenía arrechera a los otros niños, no toleraba las infantiladas -cuando se suponía que yo andaba en plan infantil-. Me parecían estúpidos y anormales, aún cuando tenía cinco años, la memoria más antigua de mi puta vida que recuerdo, esos niños varones que iban al colegio con cuadernos forrados de mickey mouse, del pato donald y de cuanta mariconada animada causaba furor en la época. Particularmente nunca dejé que mi mamá me forrara un cuaderno con tamaña mariconada... mis cuadernos siempre tenían forros unicolores, o a lo sumo con rayas. Pero nunca quise muñecos de Disney -no tengo nada en contra de ellos, más bien me parecen fantásticos-. Siempre quería algo más recio, más adulto. Recuerdo que lloré porque mi mamá me comprara una lonchera de Star Wars, con motivos de la trilogía, que para entonces iba por el Imperio Contraataca, estaba por estrenarse el Retorno del Jedi. Pero nada de mariconadas. Nada.
Igual en las fiestas, mi espíritu antiinfantil estaba presente. Siempre deploré a los payasos... aunque mucho antes de los 5 años les tenía un pánico demencial. Pero nunca han sido seres que merezcan mi respeto, de niño los odié y hoy en día me incomodan. Aún en fiestas donde todos los niños y niñas tenían simulacros de orgasmos viendo a un cabrón pintado con una peluca, un sombrero ridículo y gritando la frase más estúpida de una fiesta: "holaaaa amiguitooos", yo me moría de la arrechera viendo tal clase de enajenamiento cerebral. Hoy en día me dan ganas de vomitar, ver a animadores, recreadores e hijosdeputa payasos, que llegan a una fiesta o reunión de enanos, meados y cagados encima, y los tratan como verdaderos anormales: "se comieron tooooooooooda la comidaaaaaa?" "se portaton bieeeeeeeeeeeennn?". Mierda qué clase de enfermos todos, por eso es que esta planeta está tan retorcido.
Y en el colegio, recuerdo que por alguna razón, especialmente en primero y segundo grado, en general los niños mostraban cierto rechazo a juntarse y/o jugar con niñas. Que un varon compartiera mucho con una niña, era mal visto. Yo, con 5 años, siempre prefería relacionarme y participar en juegos con niñas -mas no de niñas-. De hecho tan aberrado era -crees que aún lo soy?- que recuerdo cuando tocaba clase de educación física era para mí el días más esperado de la semana, porque todos íbamos en shorts y eso me daba oportunidad para BUCEARME las piernas de las carajitas, con 5 O A LO SUMO 6 AÑOS DE EDAD y buscana excusas para compartir con ellas, mientras los otros carajitos sólo se ocupaban de jugar amariconadamente a los pitufos, sin permitir intervención femenina. Infantiles y, de paso, mariconcitos eran.
En fin, siempre tuve razón, desde que era niño, para odiar las cosas infantiloides anormaloides. Pero reflexionando un poco me doy cuenta que es culpa de los adultos que yo desde pequeño tuviera tanta abversión por los "Mundos de fantasía".
Y es que estimo que no es necesario ser anormal para tratar adecuadamente a un niño. Esa estupidez de amiguitos, se comieron todo, etc, etc, es para subnormales. Eso de hablarles gafo también. Uno puede hablarle a un niño, no importa su edad, con cariño y dedicación, sin rayar en lo vomitivo. Estoy seguro que los niños de hoy en día, muy pilas ellos, se burlan de muchos adultos cuando les salen con zoquetadas.
Otra cosa que deploro de los adultos en su interacción con los enanos, es su trimardita capacidad para ridiculizarlos y someterlos al escarnio. Uno de carajito no podía tener una habilidad excepcional, porque en seguida eras motivo de espectáculo público. Si aprendías a echarte peos melódicos, el día que tocaba visitar a la abuela tu mamá hacía un círculo, llamaba a todo el planeta y te ponía a enseñarle a los demás lo lindo que te ves echándote un peo con el tono de la quinta Sinfonía de Beethoven. Si eras jeva y sabías bailar mambo, pues te hacían pasar pena moviéndote entre las miradas de adultos medio borrachos que de paso se ríen de cualquier mojonada. En fin, veo que los adultos sienten un placer sadomasoquista por hacerle pasar por ridículo a cualquier niño, creen que crear una atmósfera infantil es sinónimo de "ahora todos saquemos el anormal que llevamos dentro". NO SEÑOR, esa vaina no me la calo. Ya, me arreché demasiado. No escribo más. Sólo les dejo un video que ejemplifica cómo enajenar a un carajito, sintiendo gracia y placer por ello. Kaputt.
Recuerdo que incluso de pequeño, cuando yo era un maruto verde, un mocoso, un descerebrado -más que ahora, porque aún lo sigo siendo-, yo le tenía arrechera a los otros niños, no toleraba las infantiladas -cuando se suponía que yo andaba en plan infantil-. Me parecían estúpidos y anormales, aún cuando tenía cinco años, la memoria más antigua de mi puta vida que recuerdo, esos niños varones que iban al colegio con cuadernos forrados de mickey mouse, del pato donald y de cuanta mariconada animada causaba furor en la época. Particularmente nunca dejé que mi mamá me forrara un cuaderno con tamaña mariconada... mis cuadernos siempre tenían forros unicolores, o a lo sumo con rayas. Pero nunca quise muñecos de Disney -no tengo nada en contra de ellos, más bien me parecen fantásticos-. Siempre quería algo más recio, más adulto. Recuerdo que lloré porque mi mamá me comprara una lonchera de Star Wars, con motivos de la trilogía, que para entonces iba por el Imperio Contraataca, estaba por estrenarse el Retorno del Jedi. Pero nada de mariconadas. Nada.
Igual en las fiestas, mi espíritu antiinfantil estaba presente. Siempre deploré a los payasos... aunque mucho antes de los 5 años les tenía un pánico demencial. Pero nunca han sido seres que merezcan mi respeto, de niño los odié y hoy en día me incomodan. Aún en fiestas donde todos los niños y niñas tenían simulacros de orgasmos viendo a un cabrón pintado con una peluca, un sombrero ridículo y gritando la frase más estúpida de una fiesta: "holaaaa amiguitooos", yo me moría de la arrechera viendo tal clase de enajenamiento cerebral. Hoy en día me dan ganas de vomitar, ver a animadores, recreadores e hijosdeputa payasos, que llegan a una fiesta o reunión de enanos, meados y cagados encima, y los tratan como verdaderos anormales: "se comieron tooooooooooda la comidaaaaaa?" "se portaton bieeeeeeeeeeeennn?". Mierda qué clase de enfermos todos, por eso es que esta planeta está tan retorcido.
Y en el colegio, recuerdo que por alguna razón, especialmente en primero y segundo grado, en general los niños mostraban cierto rechazo a juntarse y/o jugar con niñas. Que un varon compartiera mucho con una niña, era mal visto. Yo, con 5 años, siempre prefería relacionarme y participar en juegos con niñas -mas no de niñas-. De hecho tan aberrado era -crees que aún lo soy?- que recuerdo cuando tocaba clase de educación física era para mí el días más esperado de la semana, porque todos íbamos en shorts y eso me daba oportunidad para BUCEARME las piernas de las carajitas, con 5 O A LO SUMO 6 AÑOS DE EDAD y buscana excusas para compartir con ellas, mientras los otros carajitos sólo se ocupaban de jugar amariconadamente a los pitufos, sin permitir intervención femenina. Infantiles y, de paso, mariconcitos eran.
En fin, siempre tuve razón, desde que era niño, para odiar las cosas infantiloides anormaloides. Pero reflexionando un poco me doy cuenta que es culpa de los adultos que yo desde pequeño tuviera tanta abversión por los "Mundos de fantasía".
Y es que estimo que no es necesario ser anormal para tratar adecuadamente a un niño. Esa estupidez de amiguitos, se comieron todo, etc, etc, es para subnormales. Eso de hablarles gafo también. Uno puede hablarle a un niño, no importa su edad, con cariño y dedicación, sin rayar en lo vomitivo. Estoy seguro que los niños de hoy en día, muy pilas ellos, se burlan de muchos adultos cuando les salen con zoquetadas.
Otra cosa que deploro de los adultos en su interacción con los enanos, es su trimardita capacidad para ridiculizarlos y someterlos al escarnio. Uno de carajito no podía tener una habilidad excepcional, porque en seguida eras motivo de espectáculo público. Si aprendías a echarte peos melódicos, el día que tocaba visitar a la abuela tu mamá hacía un círculo, llamaba a todo el planeta y te ponía a enseñarle a los demás lo lindo que te ves echándote un peo con el tono de la quinta Sinfonía de Beethoven. Si eras jeva y sabías bailar mambo, pues te hacían pasar pena moviéndote entre las miradas de adultos medio borrachos que de paso se ríen de cualquier mojonada. En fin, veo que los adultos sienten un placer sadomasoquista por hacerle pasar por ridículo a cualquier niño, creen que crear una atmósfera infantil es sinónimo de "ahora todos saquemos el anormal que llevamos dentro". NO SEÑOR, esa vaina no me la calo. Ya, me arreché demasiado. No escribo más. Sólo les dejo un video que ejemplifica cómo enajenar a un carajito, sintiendo gracia y placer por ello. Kaputt.
domingo, 14 de octubre de 2007
Viene el asesino

De uno de los mejores juegos de la historia que ha pasado por mis manos en toda mi puta vida, viene una de las pelis que pareciera ser una de las mejores del último trimestre del 2007. Hitman, a mi parecer el juego más inteligente hecho hasta ahora. Ojalá que con Hitman no ocurra lo mismo que suele ocurrir con otros videojuegos que son llevados a la gran pantalla que terminan siendo una cagada, por decir lo menos. Vi el trailer hace como 4 horas y los orgasmos que experimenté con la primera escena no han parado. La peli promete, de verdad. Seré uno de los primeros chicharrones en verla el día que la estrenen.
A quienes no tienen puta idea de quién guevos es Hitman... les echo el cuento rapidito. Es una especie de ser humano, literalmente fabricado, no concebido por vía natural. Se le conoce con el nombre clave de 47, así, a secas. Es un tipo que nunca en su puta vida sonríe y nada más de verlo, te cagas las pantaletas los interiores o cualquier mierda que tengas para darle soporte a tus genitales. Mata a sangre fría, de eso vive. Puede matarte sin que escuches sus pasos, te puede ahorcar, tirarte por un precipicio, pegarte un tiro desde lo alto de la torre en todo el cerebro. Mientras más limpio es el crimen, sin testigos y sin mucha sangre, mejor es su reputación. Busca cualquier artimaña para acabar con sus víctimas, no deja rastros o al menos procura no dejar ni uno. Su mejor táctica, disfrazarse y hacerse pasar hasta por el mismísimo Dios si hace falta. Creo que muchos quisiéramos un vergajo así en Venezuela, para que se encargara de la vida de ciertas personas que no me da mi puta gana de citar, ustedes saben quiénes son. En fin, no ahondo más en detalles. Les dejo un video del juego y otro del trailer de la peli. Se las recomiendo que la vean. Si no les gusta, como dice un pana en su blog: mámense un pipe!
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lunes, 8 de octubre de 2007
¡Kaputt!
En alemán kaputt significa algo así como que se rompió, se acabó. Y se acabó, al fin, el diplomado (en gestión ambiental responsable) que comencé a finales del mes de enero. Fue el sábado cuando vi la última clase, la que más se adaptaba a mi profesión. Pese a que el diplomado coninúa con dos materias más, la que terminó el sábado fue la última que decidí ver porque, aparte de que ya cumplí con los requisitos legales para hacerme del diplomado (5 materias obligatorias, y al menos ujna electiva -ya vi dos-), me hice presa de la desmotivación, el cansancio y además quiero invirtir mi maltrecho y desorganizado tiempo en cosas tanto mejores.
Comencé a cursar ese diplomado por invitación y posterior beca de un gran amigo defensor del ambiente, a quien toda la vida le estaré agradecido por semejante gesto. Fueron casi nueve meses de aprendizaje, crecimiento y ampliación de mi visión de cara al mundo, amén del fortalecimiento personal. Nueve meses en los que prácticamente me olvidé de lo que es la vida social de un viernes o de un sábado (porque tenía clases viernes de 6 a 9:30 pm y sábados de 8 :30 am a 5:30 pm). Nueve meses en los que luché contra el sueño especialmente los días sábados donde tocaba calarse ocho horas de una misma clase con un mismo profesor.
Al principio di cerca del 100% de mí para quedar sobresaliente; lo logré. Poco a poco fui bajando la intensidad hasta dar poco menos de 55% lo cual se reflejo en un descenso del rendimiento. Creo que mi nota promedio estará cercana a 18,6 sobre 20.
No me quejo, especialmente porque fui becado para cursar ese diplomado y segundo porque más allá de la formación profesional que pude extraer de él, pude compartir con profesionales de otras ramas distintas a la comunicación social y eso me llevó a ver cuán distinto puede ver el mundo cada persona.
En fin, el culminar del diplomado para mí marca también el culminar de una gran etapa en mi vida. Llegó la hora, de una vez y para siempre, de asumir los verdaderos retos, los grandes, los costosos, los que marcarán el resto de mi vida. Crecer, no hay otra opción.
Por lo pronto el primero de mis propósitos y retos es el de estudiar el idioma alemán, una aspiración que trae ya cerca de tres años gestándose y que hace poco menos decidí asumir. En un post futuro contaré el porqué de mi fetiche con Alemania y su idioma. Aparte del deutsch, hay otros proyectos de vida que ando configurando y que iré revelando (a quien me conoce y a quien realmente le interesa) a medida que vayan teniendo lugar. Es hora de darle otro mordisco, esta vez más fuerte, al mundo.
Comencé a cursar ese diplomado por invitación y posterior beca de un gran amigo defensor del ambiente, a quien toda la vida le estaré agradecido por semejante gesto. Fueron casi nueve meses de aprendizaje, crecimiento y ampliación de mi visión de cara al mundo, amén del fortalecimiento personal. Nueve meses en los que prácticamente me olvidé de lo que es la vida social de un viernes o de un sábado (porque tenía clases viernes de 6 a 9:30 pm y sábados de 8 :30 am a 5:30 pm). Nueve meses en los que luché contra el sueño especialmente los días sábados donde tocaba calarse ocho horas de una misma clase con un mismo profesor.
Al principio di cerca del 100% de mí para quedar sobresaliente; lo logré. Poco a poco fui bajando la intensidad hasta dar poco menos de 55% lo cual se reflejo en un descenso del rendimiento. Creo que mi nota promedio estará cercana a 18,6 sobre 20.
No me quejo, especialmente porque fui becado para cursar ese diplomado y segundo porque más allá de la formación profesional que pude extraer de él, pude compartir con profesionales de otras ramas distintas a la comunicación social y eso me llevó a ver cuán distinto puede ver el mundo cada persona.
En fin, el culminar del diplomado para mí marca también el culminar de una gran etapa en mi vida. Llegó la hora, de una vez y para siempre, de asumir los verdaderos retos, los grandes, los costosos, los que marcarán el resto de mi vida. Crecer, no hay otra opción.
Por lo pronto el primero de mis propósitos y retos es el de estudiar el idioma alemán, una aspiración que trae ya cerca de tres años gestándose y que hace poco menos decidí asumir. En un post futuro contaré el porqué de mi fetiche con Alemania y su idioma. Aparte del deutsch, hay otros proyectos de vida que ando configurando y que iré revelando (a quien me conoce y a quien realmente le interesa) a medida que vayan teniendo lugar. Es hora de darle otro mordisco, esta vez más fuerte, al mundo.
martes, 2 de octubre de 2007
Terror al volante
El tráfico caraqueño no es la sucursal del infierno. Más bien es el mismísimo infierno la sucursal del tráfrico caraqueño. Mefistófeles se inspiró en nuestro tráfico para edificar sus aposentos. No me cabe duda. A ti, que también manejas o te desplazas por este pandemonium capitalino -o alguna vez te has jodido la madre en él-, tampoco te cabe. Motorizados hijosdeputa (es una redundancia, lo sé), camioneteros malcojidos por el culo, choferes de cualquier carro que no saben que existe una puta palanca para indicar que vas a cruzar a la derecha o a la izquierda. En fin, un mar de mierda y comemierdas que te hacen odiar a medio planeta cada vez que osas imbuirte en el caos vehicular. Pensé que nada podía haber peor. ¡Me equivoqué!
El pasado fin de semana estuve en Maracay. Fue entonces cuando me di cuenta que el infierno, o sus sucursales, o sus modelos, están en Caracas y en otros lugares más. Lo viví en Maracay, lo he visto en Maturín y en Puerto La Cruz. No sé qué coño pasa en el interior del país, o quién carajo les enseña a manejar o qué puta concepción tienen los semerendos cretinos de lo que es un carro y cómo se debe manejar medianamente bien. ¡MIERDA QUÉ MAL MANEJAN!: Son capaces de cambiarse en una vía de tres canales, violenta e intempestivamente, sin poner la puñetera luz de cruce y encima les sabe a culo si tú vienes en tu vía o si te chocan. Todo les sabe a gran culo, la vía es de ellos y se creen que son los mejores choferes del planeta. Los semáforos, ni hablar. El rojo es para meárselo. Ir en contrasentido, ergo comerse la flecha, le es "cool!".
La teoría de mi mamá -por aquel dicho que reza (a veces injusta otras justamente) que Caracas es Caracas y lo de más es monte y culebra- que en el interior lo que están es acostumbrados a andar en burro y creen que un carro funciona de la misma manera. Después de haberme encrispado los güevos con lo mal que manejan en Maracay y recordando experiencias en Maturín y Puerto La Cruz, creo que mi "mai" tiene que jode razón. Habrá sus excepeciones, pero quedan difusas entre tanto comemierda. Del tercermundismo, no saldremos. O sí, pero para el décimomundismo y más abajo! Kaput!
La teoría de mi mamá -por aquel dicho que reza (a veces injusta otras justamente) que Caracas es Caracas y lo de más es monte y culebra- que en el interior lo que están es acostumbrados a andar en burro y creen que un carro funciona de la misma manera. Después de haberme encrispado los güevos con lo mal que manejan en Maracay y recordando experiencias en Maturín y Puerto La Cruz, creo que mi "mai" tiene que jode razón. Habrá sus excepeciones, pero quedan difusas entre tanto comemierda. Del tercermundismo, no saldremos. O sí, pero para el décimomundismo y más abajo! Kaput!
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